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Desarrollo del
ejercicio:
Antes de empezar el ejercicio, vas a hacer un
par de respiraciones profundas, inhalando
por la nariz y dejando que el aire te
llene profundamente, para luego ir soltando el
aire muy lentamente y despacio, por la
boca, haciendo una espiración
prolongada.
Después de hacer estas dos respiraciones
, vas a dejar que tu ritmo respiratorio se
armonice, abriendo levemente la boca y dejando
que la respiración larga sea larga y la corta,
corta; así conseguirás que se armonice de forma
natural. Verás que, pasado un tiempo, surge una
sensación de atención y presencia más acusadas,
y la respiración se vuelve natural. En ese
punto es cuando pasarás a la respiración nasal,
dejando que siga el mismo ritmo
natural.
Seguidamente, en el lugar
que hayas escogido para hacer el ejercicio,
siéntate cómodamente. Es importante que te
sientas a gusto. Si te apetece, puedes ponerte
una velita, quemar incienso, esencias, poner
una luz más tenue o lo que prefieras para estar
bien.
Hay tres puntos importantes en la práctica de
la meditación:
1.
La postura
Puedes sentarte en un cojín
de meditación. Suelen tener unos 6-9 cm de
alto, y nos ayudan a tener la postura más
adecuada para la meditación. También puedes
utilizar una banqueta para meditar (son de
madera y, por lo general, bastante
cómodos para la postura de rodillas). Tienen
una inclinación característica que nos ayuda a
sentarnos fácilmente. Son muy útiles para
aquellas personas que puedan tener un problema
de espalda o de rodilla.
En cualquier caso, lo mejor
que puedes hacer es probar el sistema que te
sea más cómodo. En última instancia, si tienes
algún problema que te impida sentarte en
un cojín o una banqueta, una silla puede
servirte a la perfección.
Si vas a
sentarte en un cojín, tienes la opción de
cruzar las piernas en loto completo, poniendo
un pie sobre el muslo contrario y viceversa; o
medio loto, que se hace colocando el pie de la
pierna izquierda sobre el muslo de la derecha.
Te aconsejo que busques una postura que no te
haga sufrir demasiado, que se adapte a tus
posibilidades, si no quieres sufrir
innecesariamente.
La espalda ha de estar
siempre erguida, como si te sujetaran de un
hilo desde la coronilla hasta el techo; la
barbilla un poco hacia dentro y relajada te
ayudará a suavizar la lordosis cervical (curva
del cuello); el pecho ha de estar
relajado.
Las manos puedes ponerlas
haciendo un “mudra” básico que es poniendo la
mano derecha boca arriba a la altura de tu
centro de gravedad, “hara”, como te he
dicho anteriormente, más o menos 3 dedos por
debajo del ombligo, y la izquierda arriba
también con la palma hacia el cielo. Las yemas
de los pulgares se tocan ligeramente, de tal
forma que entre las palmas y los pulgares se
forma un círculo aplanado por arriba. Si te es
muy incómodo o tienes alguna dificultad, apoya
suavemente tus manos sobre los muslos con la
palma hacia abajo y déjalas ahí, en
reposo.
Estate atent@ para mantener la cabeza
derecha.
Los hombros procura tenerlos también
relajados.
Si, en tu caso, tienes que sentarte en una
silla, hazlo sentándote en el extremo
de ésta, sin apoyar la espalda en el
respaldo. Mantén la misma postura que indico
para meditar en cojín o banqueta. Es muy
importante que los pies estén bien apoyados en
el suelo, sin cruzar las piernas, ni ponerse de
puntillas. Si tu silla es muy alta y no te deja
apoyar bien los pies en el suelo, convendrá que
te pongas un alza, o bien coger una silla más
baja, para que los pies queden bien asentados
en el suelo.
Es importante una
colocación adecuada, para no tener más
molestias de las necesarias cuando se está en
meditación.
Para hacer esta meditación
vas a ponerte de frente a la pared, a
un metro de distancia aproximadamente, y vas a
mantener los ojos abiertos, pero recogidos
delante de ti, fijos en un punto en el suelo o
en la parte baja de la pared. En mis
comienzos solía ponerme una marca con un
adhesivo, o cualquier otra cosa que me indicara
el punto donde debía reposar la mirada. La
vista ha de estar relajada. Muy quieta en un
mismo punto. Si muevo los ojos, mi mente se
mueve, y eso es lo que pretendo
evitar.
2.
La respiración
La actitud en la meditación
es una actitud de no apego. Cuando te sientas
en silencio o a meditar, la mente se pone
automáticamente muy activa, y no paran de
emerger pensamientos. La mente, anclada en la
respiración, te ayudará a dejar de lado los
pensamientos o preocupaciones, y se irá
silenciando.
La espiración vas a hacerla
por la nariz. Tu atención vas a ponerla en la
zona donde se halla tu centro de gravedad,
hara o Dan T’ien; y, con toda la
atención puesta en esa zona, vas a dejar
que la inspiración se realice
espontáneamente y llegue hasta tu centro.
Detente ahí un instante y deja
luego que salga por la nariz, a la vez
que, interiormente, vas a contar “unooooooo”.
Procura coger un ritmo, sin parar, y ve
contando las espiraciones hasta que llegues a
10. Después, comienza de nuevo por el 1 y
repite el ciclo. No olvides que las
espiraciones han de ser más largas que las
inspiraciones.
Tu mente se unifica en tu centro de gravedad,
mientras vas haciendo las respiraciones de
forma pausada y rítmica. La respiración no debe
en ningún momento ser forzada. Es natural y
silenciosa. Céntrate en tu hara y deja
que los pensamientos vayan surgiendo y
desapareciendo, sin poner ninguna intención ni
juicio en ellos. Deja que tus pensamientos
esporádicos afloren y se desvanezcan cuando
quieran, mantén la atención en contar las
respiraciones.
3.
La actitud
La actitud adecuada es la
de una absoluta atención en el instante
presente. Tu atención ha de ser completa y
absoluta. Tu actitud es la de "no hacer ni
buscar nada“. Esta meditación está enfocada
principalmente a soltar, no a buscar nada.
Dürckheim nos dice:
"Buscar, encontrar… Son
palabras que debemos eliminar de nuestro
vocabulario. No hay que buscar jamás. ¿Acaso la
rosa quiere ir a buscar su flor en su raíz? Lo
que hace falta es dejarse encontrar.
Toda la vida espiritual está ahí. Puesto que el
Ser no hace otra cosa que buscarnos. Dejarse
encontrar quiere decir: Dejar que el Divino se
exprese en nosotros, a través de nosotros,
abrirse para dejarse
encontrar…”
“Es lo que los japoneses
denominen Za-Zen y que consiste en alcanzar el
cielo y la tierra mediante la posición justa.
Hacer cesar el torbellino de los pensamientos y
de las inquietudes. Abrirse es extremadamente
importante. Es la base misma de nuestra
enseñanza, por supuesto, con una respiración
correcta. En la sentada, hay algo que os
busca, y vosotros debéis dejaros encontrar.
Es la experiencia del Ser. En el momento que lo
experimentáis, se rompe vuestra vieja persona y
sois sacudidos hasta un punto tal, que os
sentís capaces de hacer
cualquier
cosa.”
Ésta es la actitud. Te sientas en la postura
adecuada, te centras en la respiración. Pones
tu atención en el Centro de Gravedad, y no te
acoges a nada. Con esta actitud, deja que las
cosas sucedan, sin más. Así de
simple.
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